Hacer las cosas bien

Dentro de la infinita escala de grises que nos ofrece el juego de la vida, existen dos extremos.
Por un lado, encontramos el hacer las cosas bien. Y, por el otro, encontramos el hacer las cosas mal.
Cada uno de los dos extremos aporta cosas totalmente distintas, que veremos a continuación.
Hoy te voy a hablar desde la experiencia; puesto que, a lo largo de mi existencia, he pasado por ambos extremos. Sé lo que aporta cada uno de ellos, los he vivido, los he gozado o sufrido, y es tu decisión elegir uno u otro.
Pero también te voy a hablar desde la lógica, porque entender estos conceptos te resultará extremadamente fácil si aplicas algunas leyes universales que seguramente ya conoces.
Al final de la lectura, espero que te plantees cuál es tu posición actual para que, de esta forma, escojas con conocimiento de causa la que más te convenga.
Así pues, sin más dilaciones, comencemos.
En general, cuando vivimos nuestra vida, tenemos dos opciones:
1. Hacer las cosas mal… y vivir con miedo, angustia y sin paz mental
Cuando era muy joven, este era el camino que –por defecto– solía elegir.
Y es totalmente, comprensible, porque hacer las cosas mal es el camino menos complicado, costoso y agotador. Se trata simple y llanamente de aplicar la ley universal del mínimo esfuerzo.
Hacer las cosas mal no cuesta nada. Levantarse por la mañana y dejar la cama sin hacer, por ejemplo, no implica ningún esfuerzo ni tiempo adicional. Si te dan una tarea en el colegio, lo más relajado es dejarla para el último día, si es que la haces, y hacer lo justo para aprobar, copiando si hace falta.

Hacer las cosas bien supone cierto esfuerzo
Hacer las cosas mal también puede ser emocionante y excitante, especialmente cuando eres joven e inconsciente. Sin duda, explorar los límites de la paciencia de los demás, o incluso los límites de la ley, puede ser una gran forma de experimentar los efectos de la adrenalina en tu cuerpo.
Durante mi niñez y adolescencia, no sólo fui travieso, sino también un contestatario y un rebelde sin causa aparente, de esos que conocían el despacho del director del colegio como la palma de su mano.
Tales eran mis tropelías y desmanes callejeros –como romper mobiliario urbano o vandalizar propiedad privada– que vivía continuamente en un estado de miedo, ansiedad y nerviosismo.
Saber que en cualquier momento podía ser descubierto me impedía tener paz mental incluso en mi propia casa. En aquellos tiempos, cada vez que sonaba el teléfono, temía que fuera la policía o algún vecino que había descubierto mis fechorías.

Así es como vives al hacer las cosas mal
Lógicamente, todo ello era consecuencia del funcionamiento de leyes universales básicas, como la ley de causa y efecto.
Si haces las cosas mal (acción), vas a recibir las consecuencias de tus propios actos (reacción) y, por consiguiente, tu vida va a convertirse en un infierno, a corto o largo plazo.
Y aunque dichas consecuencias todavía no se hayan materializado en tu vida, vivirás permanentemente en un estado de angustia, miedo y nerviosismo que te quitará el sueño y la paz mental. Porque –en el fondo– todos sabemos qué es lo que está bien y lo que está mal; y, cuando elegimos el lado oscuro, anticipamos mentalmente y de forma continua las consecuencias de nuestros actos.
Eso me ocurría a mí, y le ocurre a cualquier persona que habite en este mundo:
- Si vendes coches en malas condiciones, sabes que tus compradores se acabarán dando cuenta y vendrán a pedirte explicaciones.
- Si eres albañil, o arquitecto, y haces chapuzas, o trabajas con materiales de baja calidad, sabes que es cuestión de tiempo que haya una fuga, que se caigan las baldosas o que se hunda la casa entera. Y, por tanto, sabes que en algún momento pagarás las consecuencias de tu ineptitud.
- Si eres un político corrupto que prevarica, trafica con influencias, miente o desvía fondos públicos, vivirás con el miedo en el cuerpo porque sabes que, tarde o temprano, van a destapar tus triquiñuelas
- Si eres un carnicero que vende carne en mal estado, sabes que algún día causarás una intoxicación y, sin duda, acabarán dando contigo.
Cualquiera de nosotros, sea quien sea y haga lo que haga, puede encontrar ejemplos de este tipo aplicables a su día a día.
En mi caso, apenas había llegado a la adolescencia y ya estaba cansado de hacer las cosas mal; porque la vida no me iba bien, y porque estaba exhausto de lo que yo mismo estaba generando: me caían broncas familiares continuamente, los profesores me tenían manía, cada semana estaba en el despacho del director… y flirteé con la criminalidad hasta que mis padres tomaron la determinación de cambiarme de colegio y de ciudad.
2. Hacer las cosas bien… y vivir con paz mental y tranquilidad
Ahora, ya de adulto y con el pasar de los años, puedo decir que me he posicionado al lado opuesto de la ecuación.
Cuando me cansé de lidiar con las consecuencias de hacer las cosas mal, dejé de optar por el camino fácil, la desgana, las trampas y las llamadas de atención gratuitas.
Hacer la cama en cuanto me levantaba fue un buen inicio. Luego, si tenía una tarea en el colegio, me esforzaba más en hacerla, y cuando había exámenes, me los preparaba con la antelación suficiente.
Poco a poco, dejé de llamar la atención de profesores, directores de escuela o agentes de la ley, con lo que mi reputación empezó a cambiar para bien, obteniendo reconocimiento y, si lo necesitaba, incluso ayuda.
Fue así como me fui desvinculando de mis amigos “malotes” y logré terminar la educación secundaria con las calificaciones necesarias para comenzar mis estudios universitarios, donde di una nueva vuelta de tuerca.
Como universitario, dejé de ser protagonista de escándalos e indisciplinas, y empecé a destacar y ser respetado por mis conocimientos y excelentes calificaciones. Además, de forma paralela, realizaba formaciones complementarias, trabajaba y aprendí varios idiomas.
La ley del mínimo esfuerzo ya no operaba dentro de mis patrones de conducta; o en realidad sí, la diferencia radicaba en que mis mínimos pasaron a ser extremadamente altos a causa de mi propia autoexigencia y ambición.
Obviamente, la ley de causa y efecto empezó a dar sus frutos, ayudándome a construir una vida en consecuencia.

Al hacer las cosas bien, empiezas a crear una vida en consecuencia
Al cabo de los años, terminé varias carreras, tenía algo de experiencia laboral y hablaba varios idiomas. A todo ello, se le unió la suerte y las oportunidades, que tomé para mudarme al extranjero, donde desarrollé mi profesión de fisioterapeuta por todo el mundo, acumulando habilidades profesionales y amasando un considerable capital económico.
¿Significa esto que, cuando uno se esfuerza y trabaja para hacer las cosas bien tiene asegurada una vida exitosa y estable?
Lo más probable es que así sea, aunque la respuesta más honesta es que no. Nada ni nadie puede asegurarte que vayas a tener éxito, seguridad o estabilidad en esta vida. Depende de muchos factores adicionales, que algunos llaman suerte y otros tantos llaman destino.
Lo que sí puedo garantizarte es que haciendo las cosas bien vas a obtener uno de los mayores tesoros que existen: tu tranquilidad interna y tu paz mental.

La paz mental se consigue al hacer las cosas bien
Puede que al hacer las cosas bien no haya garantía de que todo vaya como tú esperas, y menos a corto plazo. Pero sí que estarás construyendo las bases para que tu vida sea mejor; y no sólo la tuya, sino la de las personas que te rodean y, por ende, estarás mejorando el mundo en el que vives.
Y lo más importante, durante este proceso dejarás de vivir con el miedo y la angustia de que, algún día, las nefastas consecuencias de tus actos te obliguen a rendir cuentas.
Al hacer las cosas bien, estarás en paz contigo mismo, te sentirás satisfecho con tus actos, y te invadirá una envidiable sensación de tranquilidad: porque sabes que, pase lo que pase, nadie va a venir jamás a reprocharte nada… ni tus amigos, ni tus familiares, ni tus clientes… y, especialmente, ni siquiera tú mismo.
Esto es algo que, en algún momento de la vida, hemos experimentado todos:
- Si, como alumno, realizas un examen habiendo estudiado a conciencia, habrás avanzado y aprendido para la próxima prueba, hayas aprobado o no.
- Si, como profesional de la salud, tratas a tus pacientes con seriedad, respeto, rigor y transparencia, te ganarás su confianza para que sigan viniendo. Tanto si logras ayudarles directamente, como si les derivas a otro profesional competente.
- Si, como arquitecto o promotor inmobiliario, construyes casas con los mejores materiales, los más cualificados profesionales y los mejores estudios previos, jamás temerás entregar un apartamento defectuoso.
- Si, como político, cumples tus promesas, trabajas para el beneficio de tus votantes y cumples con la ley; siempre serás apreciado y votado por los ciudadanos y, en caso contrario, podrás irte satisfecho por haber mejorado la vida de los contribuyentes, y sabiendo que nunca nadie podrá reprocharte nada.
Pero, más allá de tu profesión o habilidades, cada día tienes la posibilidad de elegir entre hacer las cosas bien o mal; y, por tanto, de empezar a construir una vida cuyos actos lleven a consecuencias positivas o negativas.
Cada acción que realices puede llevarte a vivir una vida serena y tranquila donde duermas tranquilo por las noches, o bien a una existencia llena de angustia y miedos por las fatídicas consecuencias que sabes que, tarde o temprano, van a llegar a tu vida.

Cada pequeña acción de la vida es una oportunidad de hacer las cosas bien
Por ende, intenta hacer las cosas bien:
- Levántate y haz tu cama por la mañana,
- Mantén tu casa limpia.
- Ordena tus papeles y facturas.
- Paga siempre tus deudas lo antes posible.
- Ten una economía saneada y ahorra siempre un poco.
- Haz una lista de tus próximos proyectos y establece un plan para cumplirlos.
- No escatimes esfuerzos en tus tareas, sé concienzudo y meticuloso.
- Habla de los problemas con las personas adecuadas.
- Sé siempre lo más honesto y sincero posible.
- No dejes nunca temas personales sin resolver.
- Ten tacto cuando hables con la gente y sé asertivo.
- Empatiza con los demás.
- No hagas nunca daño a sabiendas.
- Sé lo más justo posible en tus asuntos…
En cada pequeño gesto que hagas en la vida tienes la posibilidad de hacer las cosas bien o mal.
En definitiva, siempre hay dos caminos:
-Uno rápido y fácil que saca la peor versión de ti mismo y te hace vivir con angustia y miedo a las consecuencias que tú mismo generas.
–Otro más difícil y costoso que te permite construir una mejor vida para ti y para los que te rodean. Una vida en la que vivirás tranquilo y en paz contigo mismo, pudiendo dormir por las noches sin miedo a nada ni a nadie.
¿Y tú, qué camino eliges?
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Y por el momento, creo que ya he hablado suficiente, así que quedo a la espera de tus comentarios.
¿Estás de acuerdo con lo que significa hacer las cosas bien? ¿Qué camino estás eligiendo actualmente? ¿Te apetece compartirnos tu experiencia personal?
Cuéntanoslo aquí abajo, siempre es un placer leeros.
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