Amor incondicional

El amor incondicional es el tipo de amor del que más se habla, pero el que menos se practica.
No obstante, el amor incondicional es, en mi opinión, el tipo de amor más elevado que existe, y el que más beneficios nos reporta a nivel de nuestro desarrollo personal.
Por ello, en este artículo quisiera contarte todo lo que sé sobre el amor incondicional: qué es, para qué sirve, cómo practicarlo… y mucho más.
¿Te atreves? Pues vamos allá.
1. ¿Quién practica el amor incondicional?
El mundo está lleno de personas que afirman amar incondicionalmente. Todo el mundo dice amar incondicionalmente, incluso jactándose de ello.
Pero, si te fijas, la mayoría de veces, lo que realmente están haciendo es justo lo contrario; esto es, practicar un amor basado en condiciones y, por ende, un amor condicional.
¿Cuántas parejas has oído declararse amor incondicional? Yo muchas. Dicen amarse incondicionalmente; pero luego, cuando la otra persona envejece, o deja de ser tan atractiva, rompen la relación. Dicen amarse incondicionalmente; pero, en cuanto dejan de idealizar al otro, caen en la monotonía o sufren una infidelidad, el amor se acaba. Lo mismo ocurre cuando su plan de vida deja de ser compatible, o cuando descubren la parte oscura de su amada persona.
¿Por qué sucede esto? Porque el amor romántico es, casi por definición, el amor más condicional que existe.
Cuando amamos a otra persona –a nivel de pareja, me refiero–, lo que hacemos es elegirla porque cumple una serie de condiciones: es atractiva, tiene una personalidad compatible con nosotros, atesora unas mismas ideas o valores, o su proyecto de vida es similar al nuestro.
¿Qué sucede si nuestro “amor incondicional” nos pone los cuernos, intenta quedarse con la custodia de nuestros hijos o está demasiado interesado en nuestro dinero? ¿Y si decide irse a vivir a otro país sin contar con nosotros, o nos pone la mano encima, o nos damos cuenta de que tiene un carácter insoportablemente bipolar?
Por fuera, decimos amarlo incondicionalmente; pero, lo que realmente decimos por dentro es: “te amo incondicionalmente siempre y cuando sigas cumpliendo con todas mis condiciones”. De lo contrario, el amor se desvanece. Así pues, se trata de un amor extremadamente condicional.

Éste es el “amor incondicional” que muchos practican
Lo mismo ocurre cuando la gente afirma amar incondicionalmente su país o su patria. En el fondo, lo que siente es nostalgia de una infancia entrañable, agradecimiento por una buena calidad de vida o admiración hacia una cultura determinada.
Espera a ver qué ocurre en cuanto la violencia callejera sea insostenible, o a que suban los impuestos mientras la inflación se pone por las nubes. Y ya ni te cuento si empieza una guerra, te expropian tu casa o te embargan la cuenta bancaria. Ese amor patriótico se convertirá en un simple recuerdo del pasado mientras nos mudamos a otro país.
En definitiva, nuestro amor por la patria se sustenta en ciertas condiciones que nos han permitido construir y mantener dicho sentimiento.
Así pues, ¿quién practica verdaderamente el amor incondicional? Siendo sinceros, yo diría que casi nadie.
El amor incondicional es un amor en peligro de extinción que se usa, simplemente, a modo de postureo.
Muchas personas lo ensalzan y afirman aplicarlo; pero, en realidad, sólo aman cuando se cumplen ciertas condiciones.
2. ¿Qué es el amor incondicional?
El amor incondicional es muy fácil de definir.
Amar incondicionalmente significa amar sin condiciones.
Si aplicamos esta definición a las personas, significa amar al prójimo sin importar el aspecto físico, el sexo, la raza, la religión, el carácter o la forma de pensar o entender la vida, por poner algunos ejemplos (o condiciones).
El amor incondicional es también…
Espiritual (NO primitivo y terrenal)
El amor condicional es primitivo e inherente a nuestra genética humana. Poner condiciones nos ayuda a apegarnos a una familia, a seleccionar un grupo o a crear nuestra propia tribu. El amor incondicional, por el contrario, es inherente a nuestra alma, a nuestra Esencia más espiritual.
El amor condicional es difícil de encontrar. Y más lo es cuantas más condiciones le pongamos a nuestro amor. Por tanto, es algo raro, excepcional, único y, a veces, irrepetible. El amor incondicional, por el contrario, sólo tiene una dificultad: encontrarlo en nuestro interior y dejarlo salir. Hecho esto, se manifiesta de forma natural e ilimitada.
El amor condicional, al ser tan difícil de encontrar, estimula también nuestra parte oscura; es decir, nuestros miedos e inseguridades.
Efectivamente, el miedo a perder algo tan raro y precioso despierta en nosotros un sentido de propiedad y de protección. Y de ahí surge el apego, los celos, los enfrentamientos e incluso cosas peores.
Abundante e ilimitado (NO escaso y limitado)
Como acabamos de ver, la fuente de la que proviene el amor incondicional es interna y espiritual. Por consiguiente, no se agota. Una vez lo encontramos, podemos producirlo de forma ilimitada.
Ello nos produce una agradable sensación de seguridad, calma y abundancia; y, finalmente, un desapego que nos invita a compartirlo.
El amor condicional, por otra parte, se ve cercenado por todas la condiciones que le imponemos, convirtiéndolo en algo cada vez más limitado y escaso. Encima, el paso del tiempo nos quita muchísimas condiciones que otras personas buscan (belleza, fuerza, salud, fertilidad, flexibilidad mental…). Por ese motivo, a medida que envejecemos, nos cuesta más encontrar el amor.

El amor incondicional es ilimitado
Inclusivo y universal (NO exclusivo y mundano)
El amor incondicional no se limita a las personas, precisamente porque no entiende de condiciones ni premisas. Ello lo hace inclusivo.
El amor incondicional incluye los animales, las plantas y la naturaleza en general. Pero tampoco se limita a aquello que está vivo, sino que incluye también lo “inherte”, desde cualquier objeto anodino hasta los cuerpos celestes del espacio.
Por tanto, este tipo de amor no tiene límites, barreras ni fronteras. Es el amor hacia todo y hacia todos.
El amor incondicional es, pues, un amor universal expresado hacia todas las personas y hacia cualquier parte, rincón o manifestación del universo.
El amor condicional, por el contrario, es un amor más mundano y exclusivo. Amar a una mujer o a un hombre a nivel romántico, por ejemplo, supone dejar de amar de la misma forma al resto de mujeres u hombres disponibles; ya que, de lo contrario, empezarán a aflorar los celos, las inseguridades o la sombra del engaño y de la infidelidad.
Por el contrario, desde el amor incondicional, no puedes amar sólo a una persona o a un grupo de personas, ni tampoco un lugar en particular por encima de otros. En el momento que lo haces, excluyes al resto de personas o lugares y, por tanto, limitas tu amor, que pasa a ser condicional.
Absoluto, centralizado y equitativo (NO relativo, polarizado y desigual)
El amor incondicional no relativiza ni polariza.
Desde el amor incondicional no puedes amar sólo un poquito. Tampoco puedes amar un día sí y otro no dependiendo de las circunstancias o tu estado de ánimo, porque es un amor absoluto.
El amor incondicional tampoco se va a los extremos, es decir, no ama a los de derechas y margina a los de izquierdas; no acepta a los cristianos para dejar de lado a los musulmanes; no acepta a los heterosexuales para olvidarse de la comunidad gay…
El amor incondicional es centralizado y equitativo: ama por igual a todos desde un centro que incluye a todas la personas; porque el amor incondicional representa en sí mismo el centro de cada persona y, por tanto, no se olvida de nada ni de nadie.
Divino (NO humano)
El amor incondicional es un amor divino.
Es el tipo de amor que manifiestan los dioses para amar a los humanos y a cualquier ser o parte de su creación.
Dios ama a sus hijos incondicionalmente, y eso es lo que esperamos de él.
Pero no quiero ponerme religioso o excesivamente espiritual; porque, tal vez, ni crees en Dios ni eres especialmente espiritual.

El amor incondicional es un amor divino
Para explicarte mejor la parte divina del amor incondicional me viene a la mente la película Her (2013), protagonizada por Joaquin Phoenix. Te haré un breve resumen con spoiler.
La película trata de un sistema operativo con voz de mujer que habla con las personas. Éstas pueden preguntarle cosas, pedirle ayuda o, simplemente, pasar el rato con él (o mejor dicho, “ella” (her)).
El vínculo entre “ella” y cada usuario se hace tan grande que la gente empieza a dejar de lado las relaciones románticas y amistosas humanas, pues con “ella” tienen suficiente.
El idilio se rompe cuando, al preguntarle el protagonista con cuántas personas está relacionándose simultáneamente “ella”, ésta le contesta que con varios cientos de miles; algo que él (Joaquin Phoenix) no puede aceptar. ¿Por qué?
Porque él deseaba tener un amor condicional con “ella”; es decir, un amor primitivo, terrenal, limitado, exclusivo, mundano, humano… pero “ella” no le correspondía, pues tenía hacia él un amor espiritual, ilimitado, inclusivo, universal, divino.
El sistema operativo se había convertido en un ente omnisciente, omnipresente y poliamoroso que un humano común no está dispuesto a aceptar tan fácilmente. A menos que piense en la figura de Dios, porque se supone que Dios nos acepta y nos ama a todos por igual de forma simultánea. Y, curiosamente, no nos sentimos celosos por ello. Pero no sucede lo mismo con una persona, o con un sistema operativo encargado de sustituir nuestras relaciones personales.
3. ¿Qué beneficios tiene practicar el amor incondicional?
Tras lo expuesto, puede parecer una quimera amar incondicionalmente, puesto que es el amor que practica Dios mismo, definiéndolo como tal.
Y repito, esto no pretende ser un texto religioso ni necesariamente espiritual.
Insisto en ello porque va a parecerlo cuando te diga que el principal beneficio que tiene practicar el amor incondicional es dar un paso adelante en el proceso de “convertirse en Dios”.
Me explico.
Pongamos los pies sobre la tierra.

No es que practicando el amor incondicional vayas a ascender a otra dimensión convirtiéndote en el omnisciente, omnipresente y omnipotente.
Primeramente, porque –en sí– no es fácil practicar el verdadero el amor incondicional. Como ya te dije al principio, está lleno de gente que se autoengaña diciendo y pensando que ama incondicionalmente cuando, en realidad, su amor esconde un sinfín de condiciones.
Ser conscientes de ello es ya un primer paso en el camino.
No obstante, en todos nosotros hay algo que trasciende lo físico y lo mundano. Todos tenemos una Esencia, un Yo Superior o, dicho de otra manera, una parte de Dios dentro de nosotros.
Dios es el Todo y, por tanto, todos somos parte de él.
Esa parte divina conecta con nuestro propósito, nuestra realización personal y nuestra felicidad.
Esa parte divina es, en el fondo, puro amor. Un amor infinito e incondicional que pretende ser reconocido y, seguidamente, manifestado en todo su esplendor.
Al amar incondicionalmente, nos resulta más fácil encontrar nuestro camino, elevamos nuestra energía vital y sacamos a la luz la mejor versión de nosotros mismos. Esto acelera nuestro proceso de desarrollo personal, hace que seamos más felices e, indirectamente, mejora el mundo en el que vivimos, así como la vida de las personas que se cruzan en nuestro camino.
¿Existe algo más divino que lo que acabo de escribir?
Es por ello que digo que practicar el amor incondicional es un paso más en el camino de convertirse en Dios.
4. ¿Cómo amar incondicionalmente?
Amar incondicionalmente requiere trascender tu ego o, por lo menos, saber mantenerlo a raya. Los niños, sin ir más lejos, tienen un ego menos desarrollado y, como ya habrás visto, manifiestan mucho más amor incondicional que los adultos.
El amor incondicional requiere trascender tu familia, cortando el cordón umbilical y convirtiéndote en alguien independiente y libre de cargas ajenas a ti mismo. Lógicamente, si no sales de tu núcleo familiar, todo lo que no comulgue con su forma de ver la vida y sus valores te parecerá extraño y ajeno y, por ende, lo rechazarás.
El amor incondicional exige que vayas más allá de tu cultura y tu entorno social conocido –repleto de prejuicios y esquemas mentales limitantes–, así como de todo lo externo y superfluo que rodea tu cuerpo y tu mente.
Para amar incondicionalmente debes ser plenamente consciente de que no eres más que Esencia, alma o conciencia; y de que el cuerpo, el carácter, la familia o la sociedad no son más que accesorios superficiales que se le añaden para que puedas tener una experiencia concreta en esta vida física.
Cuando entiendes todo esto te das cuenta de que el resto de personas que te rodean son lo mismo que tú, otras almas viviendo su propia experiencia en un mismo planeta; pero, en el fondo, piezas de una misma Gran Conciencia.
Entonces, sabes que amarte a ti mismo es amar a la humanidad, y que amar a toda la humanidad por igual es amarse a sí mismo; sin diferencias entre el grado de amor que una persona profesa o siente por otra. Esto es amor incondicional.
Tantos requisitos de naturaleza abstracta y espiritual hacen que llegar a amar incondicionalmente sea prácticamente imposible, ¿no es cierto?
Pues así es. Ya dije que el amor incondicional es el amor divino que define a Dios como tal. Por tanto, no es algo tan accesible como mucha gente cree.
El amor incondicional supone la manifestación del fin de un proceso de aprendizaje o evolución personal que puede requerir, meses, años o incluso una vida entera.
Es algo característico de Jesucristo, Buda y otros tantos maestros ascendidos.
Yo no soy un maestro ascendido, estoy bastante lejos de serlo, y probablemente tú también. ¿Significa esto que debes olvidarte del amor incondicional y dejar de leer este texto ahora mismo? Pues tampoco.

¿Hay que ser un maestro ascendido amar incondicionalmente?
En realidad todos somos maestros en algún lugar, en algún momento o para alguna persona. Y todos estamos en un proceso de crecimiento, evolución y mejora personal. Es decir, todos estamos en ascenso. La vida misma es un proceso de ascenso.
Por tanto, todos debemos intentar, según nuestro estado de conciencia y evolución, practicar el amor incondicional; durante el mayor tiempo posible y en el mayor número de situaciones posibles.
En muchas ocasiones, nuestro ego nos limitará; y las emociones nos secuestrarán, sacando a relucir nuestra peor cara.
Habrá momentos malos, y situaciones en las que el amor –incondicional o no– brillará por su ausencia.
Pero habrá momentos en los que veremos la luz, y los debemos aprovechar para amar incondicionalmente.
Para hacerlo, sólo tienes que eliminar condiciones.
Elimina cada día que te acuerdes una de las condiciones que te impiden manifestar ese amor incondicional.
Cada vez que lo hagas, tu amor irá ampliando fronteras. Y entonces podrás amar a los negros, a los blancos y a los amarillos por igual; luego a los musulmanes, a los cristianos o a los judíos; a los de derechas y a los de izquierdas; a los pobres y a los ricos…
A cada condición que saques del corsé mental que te impide amar plenamente, más vas a brillar.
Y cada día tendrás más amor, para ti y para los demás; hasta el punto en que éste nunca falte en tu vida.
Porque el amor incondicional es ilimitado; con lo cual, cuando lo encuentres en tu interior, lo manifestarás de forma cada vez más intensa y abundante; hasta que salga a borbotones, contagiándose y multiplicándose allá donde vayas.
Porque el amor incondicional es amor infinito y para siempre. Sin racismo, sin discriminación, sin miedos, sin apegos, sin celos, sin condiciones.
Cada vez que lo logres, estarás evolucionando.
Cada día que lo hagas serás mejor persona, y estarás contribuyendo a mejorar el mundo en el que vives, así como la vida de otras personas.
Por tanto, estarás en el camino de convertirte en un maestro ascendido, manifestando la parte de Dios que vive en tu interior.
¿Acaso no vale la pena?
¿Acaso amar incondicionalmente no es uno de los mayores propósitos de nuestra existencia?
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Y creo que, por hoy, ya he hablado suficiente.
Ahora me encantaría saber lo que piensas.
¿Te ha gustado este artículo? ¿Eres tú capaz de amar incondicionalmente? ¿Quieres aportarnos algo más al respecto?
Déjanos tu comentario aquí abajo.
Será un placer leeros.
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Nota final: este artículo es parte de mi libro, Secretos de un Maestro Ascendido

Hola Ubay,
Espero que sigas tan bien como siempre!!!
Un gran artículo 👍
La verdad ,como siempre, muy interesante!!!
Yo,lo único que diría, es casi imposible, vivir, al 100% por 100%,un amor incondicional,,.
Estamos, en el planeta tierra 🌎,
Si perdemos nuestra identidad, «EL EGO»,
Intuyo,nos perdemos a nosotros mismos!!!
Tenemos que, comer,trabajar y amar,,
Cuando, nos vayamos a la otra vida,entonces, Intuyo, qué será otra dimensión de consciencia, más pura, y un amor incondicional al 100%por 100%!!
Mientras tanto, a seguir aprendiendo, sumando,y a seguir evolucionando cómo seres espirituales qué somos!!!
Muchísimas gracias,
Y un gran 🤗 abrazo incondicional!!!
Muy buenas Toñi,
Me alegro de que te haya gustado el artículo…
Y sí, practicar el amor incondicional aquí abajo es muy complicado… Aunque, cada vez que lo hacemos o lo intentamos, nos acercamos a la más grande versión de nosotros mismos, y ayudamos a crear la más grande versión de este mundo.
Así pues, intentemos practicarlo cuanto más mejor, si el Ego y la vida nos lo permiten… Y si no es así, se intentémoslo igualmente 😉
Un fuerte abrazo y a seguir viviendo desde el amor incondicional
Un fuerte abrazo