
Todos pasamos por momentos duros
Hacía un par de meses que me había mudado a la isla de Martinica.
Y los inicios fueron duros.
Nada más llegar a mi casa de alquilar, me dijeron que debería marcharme en breve; lo dejé con mi pareja, que se había quedado en Barcelona; y debía gestionar un montón de papeleos, algo típico cuando empiezas de cero en un lugar nuevo.
Y todos sufrimos baches y malos momentos a lo largo de la vida
A todos estos cambios, se añadía otra circunstancia que me producía cierta inquietud: la inestabilidad laboral.
Al llegar a la isla había firmado un contrato como fisioterapeuta sustituto por cuatro meses ampliables. Dada la escasez de fisioterapeutas que suele haber en Francia, asumí que tendría trabajo por más tiempo. Pero no fue así. No habría ampliación de contrato.
Desde que me comunicaron la noticia, pasé por varias etapas. La sorpresa inicial dio paso a la inquietud de no saber si encontraría un nuevo trabajo.
Esa inquietud se combinaba con la pereza, pues adaptarse a una nueva vida requiere ya de por sí un gasto energético importante. Añadir a la ecuación la búsqueda de un nuevo trabajo se me hacía realmente duro. Sin embargo, mi continuidad en la Martinica dependía de ello.

Todos pasamos por momentos duros. Foto vía Shutterstock
Las primeras semanas de búsqueda de trabajo fueron muy poco fructíferas. No había casi ofertas, y las que había no valían la pena o no me convenían. Ese hecho, poco a poco, fue minando mi moral y desanimándome. En aquel momento, me pasó por la cabeza dejar de buscar y, simplemente, marcharme de la isla al término de mi contrato.
Además, como suele decirse, los problemas suelen venir acompañados. Y, efectivamente, así fue en mi caso. Aparte de todo lo anterior, mi teléfono móvil se había estropeado y mi ordenador no funcionaba correctamente, lo cual aumentaba mis niveles de estrés.
Estaba inquieto, nervioso y revuelto a nivel emocional. Me mostraba triste y malhumorado a la hora de relacionarme con las personas. Y me faltaba la chispa que habitualmente me acompaña.
Pasaba por un bache, como suele decirse comúnmente.
6 pasos para gestionar los malos momentos con éxito
Pero de todo bache o experiencia pueden sacarse siempre valiosas lecciones.
Las lecciones que saqué de aquel momento de crisis las podría resumir en 6 pasos, ideas o etapas que me permitieron superarlo.
Probablemente, ya hayas pasado por ellas, con lo cual te sentirás identificado con el resto de la historia. En caso contrario, tal vez puedas usar estos 6 pasos para gestionar los malos momentos con éxito en tu día a día.

6 pasos para gestionar los malos momentos con éxito. Foto vía shutterstock
1. Relativizar las cosas
Sea lo que sea lo que esté ocurriendo en tu vida, intenta ver las cosas en perspectiva. Obsérvalas desde la distancia e imagínate cómo las recordarás dentro de 20 años. Tal vez te des cuentas de que tus problemas no son tan graves como creías.
En mi caso, decir que en aquel momento de mi experiencia en Martinica todo iba mal sería dramatizar un poco. No tenía problemas de salud, me quedaban todavía unas semanas trabajo bien pagado y no me encontraba en ninguna situación límite de la que no pudiera salir de alguna forma.
Por tanto, tampoco estaba tan mal, ¿no?
2. Aceptar
Tras el nerviosismo, el miedo y el sufrimiento iniciales, sobrevino la aceptación.
Como dijo Michael, J. Fox: “Hasta que no aceptamos las cosas, éstas no dejan de molestarnos, así que mejor llegar a ese punto lo antes posible”
Era evidente que estresarme, frustrarme y dejarme atrapar por el miedo no me iba a ayudar en nada. Así pues, no dejé de buscar nuevos trabajos, pero sí dejé de preocuparme por ello.
La misma actitud era aplicable a mi teléfono roto y a mi ordenador averiado: iba a hacer lo que pudiese, pero no dejaría que ello interfiriese en mi equilibrio personal.
3. Adaptarse al cambio de la mejor manera posible
En la vida hay que asumir que todo puede cambiar, y a veces de forma muy rápida.
Cuando dichos cambios ocurren, especialmente si éstos son malos, no es suficiente con aceptar. Hay que adaptarse a ellos. Pero no de cualquier manera.
No es lo mismo adaptarse desde la resignación, la rabia, el miedo, el pesimismo, la desesperación o la precipitación que desde la calma, la ilusión, la tranquilidad, el optimismo, la confianza o la reflexión. La primera forma sólo va entorpecer las posibles soluciones, la segunda hará que todo se resuelva de forma más rápida, fluida e indolora. ¿No es así?
Entonces, sólo queda elegir, y eso sólo depende de uno mismo.
¿Qué hice? Seguir mirando las ofertas de trabajo que iban saliendo e intentar solucionar el resto de problemas. En caso de que surgiera una oportunidad, la tomaría. En caso contrario, me iría.
Eso sí, intenté utilizar siempre la actitud más positiva posible. Así que, cuando mi mente empezaba a cargarse de pesimismo y negatividad (lo cual era frecuente), respiraba profundamente, me relajaba e intentaba volver al otro extremo.
4. Reconocer que todos dependemos de todos
Esta es una idea que siempre me ha costado aceptar, pues siempre tengo el anhelo de ser autónomo, independiente y autosuficiente. Pero no es así.
Todos necesitamos de todos, para casi cualquier cosa. Al aceptar este hecho, las cosas se vuelven más fáciles. ¿Por qué? Porque en ese momento, en lugar de encerrarnos en nosotros mismos, empezamos a abrirnos al prójimo. Y de ahí nace el siguiente paso o idea.

En el fondo, todos dependemos de todos. Foto vía Shutterstock
5. Dar amor, afecto y buena energía a los demás
En el fondo, todos estamos interconectados y, en cierta manera, todos formamos parte de una misma familia.
Por tanto, cuando las cosas van mal (y cuando las cosas van bien también, por supuesto), no hay que dejar de relacionarse con la gente y darles lo mejor de nosotros mismos. ¿Cómo? Con una sonrisa o un gesto amable, expresando alegría y ternura; o confiando a los demás nuestros pensamientos, ideas o incluso problemas.
La vida es más fácil compartida, y compartir es más fácil cuando das amor y ofreces mejor de ti. Además, no hay mejor forma de recibir amor que dándolo antes.
Un día, mientras trabajaba con mis pacientes, en lugar de seguir preocupado, triste y malhumorado, empecé a mostrarme más amable, sonriente y amigable. Desde ese momento, todo empezó a ir mejor. La gente empezó a responderme de igual forma y el ambiente en el trabajo cambió radicalmente.
Finalmente, a última hora, me apeteció contarle a mi último paciente del día que mi teléfono estaba averiado, y le pregunté si sabía dónde comprar un teléfono a buen precio. Su respuesta fue: “Pero si yo tengo 3 teléfonos de última generación que no utilizo”. Al día siguiente, tenía un fabuloso smartphone completamente configurado por cero euros.
Dos días más tarde, después de buscar sin éxito un profesional que reparara ordenadores, uno de mis compañeros de piso me dijo que tenía estudios de informática, así que le conté que mi PC hacía días que no se conectaba a Internet. Tras la cena, fue a mi habitación, empezó a abrir pantallas y menús y, en diez minutos, había solucionado el problema.
6. Confiar en el universo y conectar con él desde el amor
Antes hablaba de conectar con otras personas desde el amor. Pues es necesario hacer lo mismo con la vida en general. Ello implica tener una actitud alegre, optimista y positiva ante las circunstancias que el día a día nos depara.
Esa actitud positiva se basa en la confianza, en confiar en que la inteligencia del universo es superior a la nuestra. Y, por tanto, en asumir que, aunque no entendamos los porqués de las cosas; por mucho que suframos por el camino y aunque sintamos que la vida está siendo dura con nosotros, todo tiene un motivo.
Y ese motivo, está en armonía con el plan universal y con el finísimo equilibro que el universo requiere para existir. Porque el universo actúa según precisas leyes inquebrantables y, por tanto, si todo tiene un motivo, éste tiene que ser, forzosamente, para nuestro bien. Por mucho que nuestra mente o nuestro ego no puedan comprenderlo o aceptarlo.
Dejemos, pues, que el universo y la vida sigan su curso, y sigamos luchando sin desfallecer. Tal vez el tiempo nos muestre los porqués.
Finalmente, el día menos pensado, apareció una oferta de trabajo. El responsable de mi centro me recomendó que llamara, pues el contrato lo ofrecía una excolaboradora suya que había trabajado para él.
Llamé al momento; y cogieron el teléfono al instante, lo cual suele ser un buen signo. Estuve hablando con la chica, con quien la conversación fluyó rápidamente. En pocos minutos, tenía un nuevo trabajo para dos meses.
Pocos días más tarde, me encontré con esta chica en una barbacoa. Me dijo que en su centro eran siete fisioterapeutas más, así que seguramente encontrarían para mí todo el trabajo que quisiera.
Así fue. En las semanas siguientes me empezaron a llover ofertas y llené mi agenda con pequeños contratos que se sucedían perfectamente durante los seis meses siguientes. Es más, no sólo encontré trabajo para mí, sino también para una amiga que estaba viviendo en España en aquel momento.

Superando con éxito un mal momento. Foto vía Shutterstock
Conclusiones
Con esta pequeña historia personal real he querido contarte cómo gestioné un pequeño bache durante mi etapa en la isla de Martinica.
Probablemente, tus problemas no tengan nada que ver con los míos. Y tal vez, tus circunstancias personales sean mucho más difíciles de las que yo acabo de describir.
Sin embargo, creo sinceramente que, sean cuales sean tus problemas en este momento, puedes aplicar perfectamente estos 6 pasos. Por ello, te invito a que vuelvas a leerlos e intentes ponerlos en práctica.
Es posible que te ayuden a gestionar los malos momentos con éxito y puedas salir de ese bache. Si es así, leerte este artículo habrá valido la pena.
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Y ahora es tu turno ¿Qué te han parecido estos 6 pasos? ¿Los has aplicado alguna vez a tus problemas? ¿Añadirías alguno más? Déjame tus impresiones y comentarios aquí abajo…
Créditos: Foto de portada vía Shutterstock
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