Tras casi tres años en París y una increíble experiencia de siete semanas trabajando en la isla de Guadeloupe decidí tomarme un año sabático.
Ese período de tiempo fue clave para mi futuro a corto plazo, pues en él construí las bases del que sería un nuevo estilo de vida y tomé la determinación de vivir viajando y trabajando por los 5 continentes.
En este post te contaré, pues, cómo fue el año en que cambié mi vida.
Escapada a Marruecos
Cuando llegué a Barcelona procedente de la isla de Guadeloupe apenas tuve tiempo de deshacer la mochila y, nada más aterrizar, quise seguir con la inercia viajera de las últimas semanas.
Para ello, decidí visitar a mi familia, en las Islas Canarias, de forma algo diferente: recorriendo antes Marruecos por tierra. Fue así como tomé un avión hasta Casablanca y, una vez allí, alquilé un pequeño coche con el que me dirigí hasta Fes, Meknes y el precioso pueblo de Moulay Idriss.
De ahí fui hasta Midelt, una región árida donde, aunque parezca mentira, me topé con lluvias torrenciales que inundaban constantemente las carreteras.
Pasé también por el desierto de Erg Chebbi, donde uno no debe dejar escapar la oportunidad de ir en camello y dormir una noche en una preciosa jaima beduina.
De Erg Chebbi, me dirigí hasta las impresionantes gargantas de Todra y Dades y luego hasta el famoso pueblo de Ait Benhadou, donde se rodó la película Jesús de Nazaret o Gladiator.
Ya en Marrakech me tomé un par de días para ascender al Toubkal, el pico más alto del país con 4.167 m y, seguidamente, seguí hasta Ouzoud, cuyas cascadas me dejaron con la boca abierta.

Cascadas de Ouzoud
De Ouzoud llegué a la ciudad costera de Essaouira haciendo escala en el Valle de Draa. Allí pasé una noche en casa de unos beduinos que me acogieron durante el Ramadan como uno más de la familia.
Y ya en Essaouira devolví el coche de alquiler para continuar el periplo a través del Sáhara occidental en transporte público.
Mi lugar favorito durante esta última parte del viaje fue, sin duda, la playa de Legzira, cuyos paisajes son de otro mundo y hacen que te sientas como un astronauta en caminando por la Luna.
Finalmente, mi última parada fue en la ciudad de Laayune, desde donde tomé una pequeña avioneta que me llevó a la isla de Gran Canaria en apenas media hora. Fue posiblemente la forma más larga y lenta posible de llegar a mi destino pero, probablemente, la más emocionante de todas y, sin duda, la más enrriquecedora.

Playa de Legzira
Los 4 propósitos de mi año sabático
Tras visitar Marruecos y Canarias regresé a la ciudad condal para recuperar la tranquilidad y bajar el ritmo durante unos meses. Sería un año de transición en el que tenía varios objetivos en mente.
El primero, completar mi formación. Aún tenía un último año por delante para sacarme el título de osteópata y estaba dispuesto a darlo todo para conseguirlo. También quería seguir aprendiendo idiomas, así que decidí apuntarme a clases de portugués, un idioma del que me enamoré tras visitar Brasil años atrás.
Mi segundo objetivo era preparar un plan para poder llevar a cabo un estilo de vida más acorde con lo que dictaba mi corazón. Un estilo de vida más libre y nómada que me permitiera tener un día a día más rico, emocionante y lleno de estímulos.
El tercer objetivo era tener la tranquilidad física y mental necesaria para llevar a cabo mis dos objetivos anteriores de forma eficaz y sin presiones. Para ello necesitaba, por lo menos, dos cosas: tener suficiente dinero para subsistir y un techo en el que cobijarme. Por suerte, durante mi etapa en París había ahorrado suficiente dinero para no tener que trabajar durante una larga temporada y, en Barcelona, tenía un apartamento cuya hipoteca estaba al corriente de pago.
Por último, mi cuarto objetivo era recuperar el contacto con mis amigos, que hacía tiempo que no veía, y pasar más tiempo con mi familia después de una buena temporada ausente. Con el paso de los meses fui cumpliendo este propósito a base de tomar cafés en terracitas, ver partidos de fútbol bien acompañado o asistir a comidas y encuentros familiares varios.
Viaje a Nepal, nuevo trabajo y… ¡que empiece el juego!
Justo ante de terminar mis estudios de osteopatía, allá por el mes de junio, empecé a indagar en el mercado laboral en busca de ofertas de trabajo en algún lugar exótico. Dicho y hecho. Rápidamente encontré una tentadora oferta para el mes de noviembre en un lugar de las que pocas personas (incluyéndome a mí) han oído hablar: Mayotte, una pequeña isla situada entre Madagascar y Mozambique. Más exótico imposible.
Estuve mirando otras opciones, pero no fluyeron tan bien como ésta última. Además, el responsable del centro enseguida me propuso un contrato de 6 meses, la duración que le pedí, y me ofreció excelentes condiciones económicas, así que, sin dudarlo, acepté la propuesta.
En julio superé con éxito mis exámenes finales y dediqué los meses de agosto y septiembre a ultimar todos los preparativos para mi marcha (vacunas, seguros médicos, seguro de responsabilidad civil, copias de diplomas, documentos burocráticos…).
Aproveché también esos meses para terminar de digitalizar mis apuntes de osteopatía, pues el ordenador sería mi único y mejor libro, además del lugar donde gestionaría mi trabajo, mis documentos y mis fotos.
Finalmente, antes de irme, le puse la guinda al año haciendo un viaje con el que soñaba desde hacía tiempo: Nepal.
Había pasado ya un año desde mi viaje a Marruecos, así que tenía ganas de hacer otra escapada por placer (ir a Mayotte era, en principio, una escapada laboral).
No voy a describir a fondo este viaje para no extenderme demasiado. Simplemente decir que fueron cuatro semanas dedicadas casi enteramente al trekking.
Pasé casi tres semanas recorriendo el circuito que pasa por las montañas del Annapurna acompañado de tres otros viajeros con los que coincidí allí mismo: un canadiense, un australiano y un americano.
Juntos vivimos experiencias increíbles, siendo el punto álgido el paso por el famoso Thorung-La pass, situado a 5.400 metros de altura. Luego dediqué otros 6 días más al ascenso al campo base del Annapurna I, considerada por muchos la montaña más peligrosa del mundo. Y, finalmente, pasé los últimos días en Pokhara y el parque nacional de Chitwan, donde pude relajarme y ver animales salvajes, como el famoso rinoceronte nepalí.

Las impresionantes montañas de Nepal
Ya de vuelta a Barcelona dispuse de otras dos semanas más para preparar mi partida y despedirme correctamente de mi gente antes de tomar rumbo a Mayotte.
Allí fue donde decidí empezar el proyecto que he bautizado como Un terapeuta por los 5 continentes. Sin embargo, aunque en aquel momento no era consciente de ello, el verdadero proyecto ya había empezado. Comenzó el día que fui a vivir a París. Así pues, cargado de alegría, ilusión y el punto de “miedo” ideal que hace que te sientas vivo, cogí las maletas y me fui hacia África sin billete de vuelta…
—————————————————-
¿Te has quedado con ganas de más? En ese caso, en los siguientes enlaces podrás ver mis mejores 50 fotografías de mis viajes a Marruecos y Nepal. ¡Espero que te gusten!
¿Y tú? ¿Has vivido alguna vez un año de transición? ¿Has pasado por algún período tras el cual hayas decidido cambiar tu vida radicalmente?
Cuéntame, me encantaría conocer tu experiencia…


¡Hola Ubay! ¿Qué tal? Quiero darte enhorabuena al blog desde el blog. Me encanta!!!
He leído «de cabo a rabo» a ver que tal te va el portugués… 🙂
La forma en que explicas tus experiencias es apasionante, me divierto con los vídeos y las fotos son una pasada.
Ya sabes que tengo un interés enorme por la filosofía, por la vida… espero con gratitud todo lo que tienes que contar sobre la manera que ves la vida, todo el tema espiritual, o como lo llamas «esencia» es un camino sin fin o bien el fin es el propio camino, sea como sea, siempre aprendo de las diversas reflexiones del ser humano y las tuyas no tienen desperdicio… tengo muchas ganas de leer tu próximo post del proceso esencial, voy por los senderos buscando reconectar con mí esencia…
Espero verte pronto por Barcelona.
Un abrazo muy grande!
Shelly
Hola Shelly! Muchísimas gracias por tus palabras, especialmente viniendo de una persona sin la cual este proyecto nunca hubiera podido llegar a fraguarse de la misma forma. Comentarios como el tuyo son los que le inspiran a uno para seguir escribiendo y trabajando duro para seguir adelante con el blog. Así pues, espero no defraudarte y aportar mi granito de arena para que puedas seguir filosofeando y reconectando con tu Esencia (el próximo post escribiré sobre este tema de nuevo).
Muchas gracias de nuevo y nos vemos pronto por Barcelona, sí…Un abrazo!!