¿Qué tipo de vida quiero?

Esta es una de las preguntas que siempre deberíamos tener en mente.
Saber contestarla y luchar por hacer realidad la respuesta es una de las mayores referencias vitales que tenemos, pues nos obliga a definir nuestras metas y darle a nuestra existencia la forma que deseamos.
Para mí, la vida no es más que una película de la que quiero sentirme orgulloso y satisfecho cuando eche la vista hacia atrás.
Esa película debería ser divertida, estimulante y emocionante cuando se la cuentes a tus hijos, o a cualquier persona que se interese por ella. Por tanto, convierte tu vida en una aventura llena de viajes, anécdotas y peripecias. Lucha por cumplir grandes sueños, y experimenta vivencias excepcionales que te hagan sentir realizado y en paz contigo mismo.

¿Qué tipo de vida quiero? Sin duda, una que sea estimulante
Formar una familia, conseguir un buen trabajo o comprarse una casa son objetivos respetables, aunque estoy convencido de que tu potencial da para mucho más, y de que tu felicidad requiere también mucho más que eso.
Una vida estable, monótona y sin metas a corto, medio y largo plazo es una vida de encefalograma plano. Es una existencia poco estimulante y aburrida. Segura y estable, eso sí, pero poco eficaz a la hora de potenciar tu desarrollo personal y tu felicidad.
Por el contrario, una vida de cambios y continuos proyectos por cumplir es una vida que –aunque no siempre sea fácil– hará que, al mirar atrás, te sientas feliz y satisfecho, pues te permitirá crecer continuamente hasta convertirte en la mejor versión posible de ti mismo.
Un estilo de vida variado estimula todo tu ser, desde tu alma hasta cada uno de receptores sensoriales, incluyendo aquellos que te hacen sentir vivo y pleno.
Me explico.
Para sentirte vivo, necesitas caricias y abrazos que estimulen los receptores táctiles de tu piel, saborear buenos alimentos que despierten los receptores gustativos de tu paladar, o apreciar fragancias que deleiten los receptores olfativos de tus fosas nasales.
Sin embargo, un abrazo muy prolongado deja de reconfortar; comer siempre el mismo alimento termina por saturar tu paladar, y oler el mismo perfume durante demasiado tiempo hace que su aroma acabe pasando desapercibido.
Así pues, si queremos seguir sintiéndonos vivos a lo largo de los años, debemos entender que la vida no es más que una suma de sensaciones y vivencias que deben ser experimentadas regularmente mediante estímulos de distinta naturaleza, intensidad y duración. De otro modo, nuestros receptores se adaptan y dejan de dar respuesta.
Ello implica perseguir sin descanso nuevas metas y objetivos, conocer nuevas personas, aprender nuevas habilidades y pasar por situaciones que nos hagan vivir experiencias contrapuestas; tanto de estrés como de descanso, tanto de alegría como de tristeza, y tanto de amor como de desamor.

Una vida emocionante es una montaña rusa llena de altos y bajos
Es cierto que una vida así es fuente de dolor y sufrimiento, pero también de crecimiento y placer.
Placer es lo que experimentamos al pasar de un estado de carga a uno de descarga; o, dicho de otra forma, de un estado energéticamente alto, a otro bajo.
Un orgasmo, por ejemplo, se da por el paso de un nivel de excitación alto a un nivel de excitación bajo. Lo mismo sucede con un estornudo, que permite liberar nuestra congestión nasal. O lo que sentimos cuando vamos al baño y vaciamos nuestra vejiga tras horas acumulando orina.
También es placer lo que siente un estudiante lleno de preocupaciones cuando, al concluir sus exámenes, puede ir al cine o a tomar algo con sus amigos sin tener que madrugar al día siguiente. O lo que experimenta un ejecutivo cuando entrega su informe final después de un mes sin dormir. O incluso lo que siente un padre cuando ve que sus hijos han crecido sanos y fuertes tras una vida de sacrificios, dándolo todo por ellos.
Por consiguiente, una vida satisfactoria y placentera es una vida de retos constantes, de sueños por cumplir y de ciclos planificados que alternen estados de alta energía con estados de baja energía; es decir, momentos de alto estrés, trabajo y sacrificio por alcanzar nuestros objetivos con momentos de descanso y tranquilidad que nos permitan valorar la satisfacción de haberlos conseguido.

Una vida plena es una vida llena de retos constantes
Desgraciadamente, he conocido demasiada gente con vidas monótonas, carentes de nuevos retos o ancladas en rutinas que a duras penas soportan.
He conocido a personas que se casaron siendo adolescentes y que ya no aguantan más a su pareja tras 15 años de matrimonio. Me he encontrado con gente ávida por explorar el mundo que nunca ha salido de su pueblo. Y he conversado con personas que tienen el mismo trabajo desde hace décadas y que, antes de los cuarenta, ya están deseando jubilarse.
Se trata de vidas estables, tranquilas y relajadas que, secuestradas por el miedo y ciertas recetas sociales prefabricadas, intentan alejarse del dolor y el sufrimiento; pero, paradójicamente, acaban resultando extremadamente dañinas.
Sinceramente, si tengo que elegir una forma de vivir, prefiero una vida de condiciones extremas. Porque una vida extrema puede aportarnos aprendizajes vitales extremos. Por ello, se puede aprender más de un enfermo, de una persona que vivió en la calle o de un veterano de guerra que de una persona normal que ha tenido una vida plácida y sin complicaciones.
Las vidas extremas dan lugar a guiones de cine, inspiran a los demás y enseñan valiosas lecciones que nos permiten encontrar nuestro propio camino.
¿Dirías lo mismo de una vida donde lo más emocionante ha sido pagar la hipoteca, trabajar toda la vida en una empresa y criar a tus hijos con los mínimos sobresaltos posibles?
¿Tú verías una película así?
Si la respuesta es no, no permitas que tu propia vida se convierta en esta misma película, o correrás el riesgo de aburrirte de ti mismo hasta el punto de querer salir del cine.
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Esta sería, a grandes rasgos, la respuesta que daría si alguien me preguntara qué tipo de vida quiero.
Y ahora, la pregunta te la hago yo a ti, así que dime…
¿Qué tipo de vida quieres tú? ¿Cómo te gustaría vivirla? ¿Estás de acuerdo conmigo o tienes otra visión al respecto?
Déjame tu comentario..
Será un placer leerte.
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Nota final: este artículo es parte de mi libro, Secretos de un Maestro Ascendido

Hola Ubay serra:
Muchísimas gracias por tus propias reflexiones y opiniones;y vivencias personales,!
Yo,desde mi mundo 🌎 personal,te diría que en estos momentos de mí vida, me encuentro en un punto. Muy satisfactorio, es decir, dentro de mi profesión, cada día estoy aprendiendo, (con lo cual el haburrimiento es nulo) a la vez,me siento plenamente;
A nivel, tiempo libre, hago lo que me apetece,sin más (genial)
Mas o menos, todo va 👍 bien,.
En éstos momentos, estoy leyendo el libro de SOL BLANCO SOLER,
Crónicas del más allá,
La verdad es muy interesante, sobre todo,saber,qué después de la muerte física, hay vida,,Un tema tabú,en nuestros tiempos,,,,
Mas o menos,
Mis mejores deseos para ti y para tú propósito de vida, que se cumplan tus expectativas y proyectos,
Un cordial saludo 👋
Gracias a ti Toñi por tus comentarios y aportaciones.
Me alegro, de verdad que todo te vaya tan bien como me cuentas. Espero que siga así.
Y gracias también por tus recomendaciones literarias 😉
Un fuerte abrazo para ti…